Cuando Se Siembra El Arroz En Argentina?

Cuando Se Siembra El Arroz En Argentina
En Argentina, la siembra de arroz se lleva a cabo desde la primera quincena de septiembre hasta octubre y la cosecha se realiza durante los meses de febrero hasta el mes de abril.

¿Cuándo se siembra arroz en Argentina?

De acuerdo con la recomendación de los técnicos, septiembre es el momento indicado para el inicio de la siembra del arroz. Según la zona –las provincias de Corrientes y Entre Ríos encabezan la superficie en producción–, a principios de este mes se ubica la fecha más próspera para el cultivo del cereal y, por lo tanto, marca la programación de las prácticas.

  • Elección de variedades, calidad de semilla, densidad, fecha y forma de siembra, los puntos clave para tener en cuenta durante la planificación;
  • Alfredo Marín, especialista en manejo de arroz del INTA Corrientes, hizo hincapié en la elección de cultivares y señaló que, para la selección, deben priorizarse dos criterios estratégicos: las exigencias del mercado y las condiciones agroecológicas, que maximizan o limitan los rendimientos de la variedad en cada sitio;

En este sentido, recomendó la lectura atenta de las cartillas provistas por los semilleros, que presentan información sobre las características de las variedades comerciales, en los temas: aceptación por parte del mercado –aptitud para comercialización en plazas internas y de exportación–, capacidad de rendimiento, adaptación al medio –a fin de preferir cultivares que demuestren rindes estables, aún en condiciones de crecimiento no ideales– y tolerancia a enfermedades, así como a otros estreses.

En relación con la sanidad, el técnico sugirió seleccionar variedades con mayor tolerancia a piricularia, toxicidad por hierro y vaneo fisiológico. “Esto permite tener un cultivo con buen comportamiento y, en el caso de enfermedades causadas por hongos, reduce la necesidad de aplicación de fungicidas”, explicó Marín.

Para las condiciones de Corrientes, las variedades que se aconsejan para el tipo Largo Fino –preferido para exportación– son: SCS 121, IRGA 424 CL, Gurí INTA CL, Taim, IRGA 417, Puitá INTA-CL, CT 6919-INTA, IRGA 424, IRGA 426, IRGA 428 RI, Tranquilo FL-INTA, Ita Caabo 107 e Ita Caabo 110.

  • En el caso de los híbridos, se destacan Inov CL, XP102 CL y Titan;
  • En tanto, para los arroces Doble Carolina –predominantes en el consumo interno–, se recomienda Fortuna-INTA;
  • En relación con la calidad de la semilla, Marín argumentó: “La adecuada elección de la semilla asegura al productor, desde el inicio, la posibilidad de minimizar problemas y de contar con un producto final adecuado según los objetivos planteados al comienzo de la producción”;

“La mejor semilla será la que se adapte a nuestro objetivo de producción, al destino del cereal y a la zona donde se cultiva, en pos de evitar problemas sanitarios y de manejo”, definió el especialista. Para asegurar un nivel de sanidad (libre de plagas, enfermedades y virus), pureza varietal y su buen estado general, es fundamental que la semilla utilizada provenga de semilleros autorizados por el Instituto Nacional de Semillas (INASE).

  1. Respecto del estado, el técnico destacó la importancia de conocer el año en que la semilla fue cosechada y envasada, su poder germinativo y su energía germinativa;
  2. “Tener presente el tiempo de vida que mantiene la semilla una vez cosechada; esta información debe ser brindada en el momento en que la semilla es envasada, porque los valores iniciales cambian con el paso del tiempo y según su modo de conservación”, explicó Marín;

Densidad, fecha y forma de siembra En el caso de las variedades modernas de grano largo fino utilizadas en la actualidad, la cantidad de semilla que se siembra por hectárea ronda entre los 80 y 100 kilos. Por su parte, para la variedad de grano Doble Carolina, como Fortuna INTA, el peso de semillas requerido no debería sobrepasar los 130 kilos por hectárea, mientras que las variedades híbridas registran una densidad de entre 40 y 45 kilos por hectárea.

  • De acuerdo con el investigador, “las menores densidades de siembra en variedades modernas de grano largo fino permiten que expresen su capacidad de macollamiento y generen plantas más firmes, resistentes al vuelco y a enfermedades fúngicas”;

En este contexto, Marín remarcó la buena distribución espacial de las plántulas a partir del uso de sembradoras con menor espaciamiento entre surcos. “La distancia por encima de los 18 centímetros convencionales perjudica la buena distribución de las plantas y, por lo tanto, no es aconsejable”, detalló.

A su vez, debido al uso de cantidades reducidas de semilla y la siembra en épocas tempranas, se recomienda el pretratamiento de la semilla con funguicidas, que, con un relativo bajo costo, asegura un buen arranque del cultivo e implantación.

En relación con el calendario y con el objetivo puesto en maximizar los rindes, la sugerencia es realizar todas las labores previas de preparación de los lotes a fin de estar en condiciones de iniciar la siembra a principios de septiembre. “Esta decisión apunta a maximizar los rendimientos, al tiempo que permite un mejor aprovechamiento de la energía solar, al hacer coincidir la etapa de prefloración y floración de la planta –la época de mayor demanda de luminosidad– con los meses de diciembre y enero, cuando hay mayor oferta lumínica”, detalló Marín.

Otra ventaja adicional es que septiembre, generalmente, es un mes con bajas precipitaciones en Corrientes y esto facilita la planificación y operaciones de siembra. De acuerdo con el técnico, el sistema de siembra en surcos (en líneo) es el que mejor se comporta.

Entre las ventajas, señaló el ahorro de semilla y la distribución uniforme que se logra tanto en lo espacial como en profundidad, un aspecto clave debido a que redunda en la emergencia más uniforme del cultivo. Se sugiere realizar la siembra lo más superficial posible con la única condición de que las semillas queden bien tapadas para evitar que sean comidas por aves o roedores.

  • “La ubicación superficial se debe a que el mesocótilo y coleóptilo, primeros órganos vegetativos de las variedades semienanas, son muy cortos y determinan que la plántula sólo pueda emerger en profundidades menores a los dos centímetros”, indicó Marín;
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Para lograr esta ubicación, es imprescindible que la sembradora se encuentre en buenas condiciones y que haya sido cuidadosamente calibrada para que la descarga de semillas y fertilizante sea uniforme y de acuerdo con las cantidades planificadas..

¿Cuál es el tiempo de siembra y de cosecha del arroz?

Cuando Se Siembra El Arroz En Argentina Cosecha a tiempo; ¿Por qué es importante? El ciclo biológico del arroz (días desde la siembra hasta la cosecha) varía desde 95 días (variedades muy tempranas) hasta casi 250 días (variedades muy tardías). Las variedades de maduración media pueden cosecharse 120-150 días después de la siembra. Podemos saber que los granos están listos para ser cosechados cuando comienzan a tener un color amarillento y se vuelven duros. Es muy importante cosechar los cultivos de arroz a tiempo para maximizar la calidad del grano y los rendimientos.

  • Si cosechamos muy temprano, los granos recolectados serán inmaduros y, como resultado, tendrán una mala recuperación de la molienda y se romperán fácilmente;
  • Por otro lado, cuando los cultivos se cosechan tarde, el grano puede caer de la panícula y provocar grandes pérdidas;

Como regla general, la cosecha puede comenzar únicamente cuando los granos se maduran en un porcentaje de 80-85% o tienen un color amarillo dorado. La recolección puede realizarse de forma manual o mecánica. En la recolección manual, los trabajadores recolectan las plantas de arroz de los arrozales usando cuchillos afilados.

Luego, los limpian cuidadosamente y separan los dañados. La recolección mecánica se puede realizar utilizando máquinas que combinan todas las operaciones, como el corte, la trilla y la limpieza. Manejo Postcosecha Después de la cosecha, las semillas de arroz normalmente deben almacenarse en silos y secarse artificialmente, de modo que el contenido de humedad de la semilla se pueda reducir al 13-14%.

Proceso de Secado del Arroz El secado es un procedimiento importante para reducir la humedad del grano. Después de la cosecha, los granos normalmente contienen aproximadamente un 25% de humedad. Si los dejamos sin hacerles nada, esto puede llevar a la decoloración del grano y posibles ataques de plagas.

Por esta razón, antes de almacenar los granos, en la mayoría de los casos, los agricultores secan los granos. Hay dos formas de secado. Los métodos tradicionales y los mecánicos. En la mayoría de los casos, es esencial secar los granos dentro de las 24 horas posteriores a la recolección.

Secado Tradicional Debido a su bajo y casi cero costo, se prefiere el secado tradicional y se practica en muchos países. Podemos secar el grano de arroz exponiéndolo a la luz solar. Los trabajadores pueden extender los granos a las alfombras o veredas hasta que se sequen.

Secado Mecánico Este método se basa en eliminar el agua de los granos con aire caliente. Esto resulta y puede hacerse con diferentes tipos de secadores. El rendimiento promedio de arroz (semillas) por hectárea es de 3 a 6 toneladas.

En algunos países como Australia y Egipto, el rendimiento puede aumentar a 10 a 12 toneladas o más por hectárea (1 tonelada = 1000 kg = 2200 lbs y 1 hectárea = 2,47 acres = 10. 000 metros cuadrados). Por supuesto, los agricultores experimentados pueden lograr tales altos rendimientos después de varios años de práctica.

Wiki de la Planta de Arroz – Información y Usos Cómo cultivar Arroz – Guía Completa de Cultivo del Arroz, desde la Siembra hasta la Cosecha Campos de Arroz y Preparación del Suelo Siembra de Arroz, Requisitos de Siembra – Cantidad de Semillas de Arroz Manejo de Nutrientes en Cultivos de Arroz – Fertilización de la Planta de Arroz Plagas de Arroz y Enfermedades Cosecha de Arroz, Rendimiento por Hectárea y Almacenamiento ¿Tiene experiencia en el cultivo de arroz? Por favor, comparta su experiencia, métodos y prácticas en los comentarios a continuación.

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¿Qué mes se siembra el arroz?

Está supeditada a las condiciones climáticas favorables al cultivo de arroz. Las siembras se inician desde noviembre a Mayo (Campaña grande) y desde Agosto a Enero (campaña chica).

¿Dónde se planta el arroz en Argentina?

Analizando en más detalle la ubicación geográfica de los lugares en los que se registra la siembra, se observa que Corrientes es la provincia donde los agricultores declararon mayor superficie sembrada para Arroz 2020/2021, representando 47,74 %.

¿Cómo sembrar arroz en tierra seca?

¿Se puede cultivar arroz en tierra seca, sin inundarla? – Algunas especies se pueden cultivar con tierras húmedas, sin necesidad de que la planta esté sumergida en agua. Eso sí, para que luego germine la semilla la tendremos que proporcionar la humedad adecuada.

  1. Para realizar la siembra del arroz en tierra seca simplemente hay que eliminar las malas hierbas que haya en la zona, nivelar el terreno y posteriormente realizar la plantación;
  2. Para que la plantación tenga éxito, en este caso tendrás que dejar unos centímetros entre las plantas y no enterrar demasiado la semilla;

Con unos solo centímetros será suficiente. Luego deberás hacer los riegos oportunos y no tendrás que hacer la inundación hasta que la planta tenga cierta altura. Así evitarás también que el caracol manzana pueda dañar la plantación. Es una técnica interesante para las zonas con poca presencia de agua, gracias a que el sistema de goteo está dando buenos resultados.

¿Cómo se cultiva el arroz en Argentina?

A mitad de camino entre un cultivo intensivo y otro extensivo, el arroz enfrenta el desafío de sobrevivir en un escenario de “números finitos”. A costos que se ubican por encima de los valores históricos y precios que no despegan definen un presente inestable para esta actividad característica del noreste argentino,  se suma la falta de un precio de referencia o futuro, que agregue claridad y previsibilidad a una cadena donde la comercialización parece llevarse la mayor tajada.

¿Qué características definen hoy a la actividad arrocera en la Argentina? ¿Cómo es el presente de ese negocio que, décadas atrás, supo estar en manos de colonos? A continuación, una síntesis de su evolución y el panorama actual de la mano de Alejandro Socas, coordinador de la región CREA Litoral Norte, y de Gerardo Cerutti, asesor del CREA Avatí Î arrocero y especialista en la materia.

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Sistema de producción El arroz experimentó una transformación importante en las últimas décadas, tanto en lo que respecta al sistema productivo como a los actores que intervienen en la actividad. El cultivo se siembra desde fines de agosto en el norte de Corrientes hasta el mes de noviembre en Entre Ríos, para ser cosechado entre fines de enero y abril, en el caso de los más tardíos.

Como es sabido, permanece inundado entre 90 y 100 días de su ciclo productivo, lo que implica un consumo de agua importante. “Se lo siembra como un trigo, incluso con una máquina similar, y cuando llega al estadio de cuatro hojas se comienza a regar.

Tradicionalmente se aplicaba una lámina de 15 centímetros, pero ahora con 5-7 centímetros alcanza. De todos modos, insume 1000 metros cúbicos de agua por hectárea”, enfatiza Cerutti. Antiguamente, el riego se efectuaba a través de canales que traían el agua desde ríos o arroyos, lo que exponía el cultivo a posibles inundaciones; luego se pasó a un sistema que extraía el agua de pozos profundos (fundamentalmente en el centro-norte de Entre Ríos).

Este sistema, que puede irrigar 40 a 100 hectáreas de arroz, sigue vigente, aunque limitado por sus altos costos. El modelo predominante en las principales zonas de cultivo es el riego con agua de represa , un sistema oriundo de Brasil desarrollado hace más de 30 años.

“Se hace un dique y luego se irriga el cultivo a través de un sistema de bombeo (cuyo costo es considerablemente menor que el del bombeo de pozos profundos). Por lo general, las represas están dentro del establecimiento y permiten regar entre 300 y 5000 hectáreas de arroz”, explica Alejandro Socas.

  • Tal como ocurre en la agricultura tradicional, la actividad arrocera atraviesa un proceso de concentración creciente;
  • De ser un cultivo primitivo, cultivado por pequeños productores y sus familias en las costas de ríos y arroyos, pasó a estar en manos de unas pocas empresas que están integradas con el resto de la cadena;

“El mero productor de arroz ya casi no existe. De las 95. 000 hectáreas cultivadas en Corrientes, solo el 10-15% es desarrollado por arroceros que venden su producción; todo lo demás está en manos de industriales. Esas empresas, que mantienen acuerdos con pequeños productores –a quienes en muchos casos financian– reciben el arroz en sus plantas de silo, lo acondicionan y lo exportan como arroz cáscara (casi como sale de la chacra), o bien lo procesan para venderlo como arroz blanco con o sin marca propia”, cuenta Socas. Cuando Se Siembra El Arroz En Argentina Durante la recorrida, miembros del grupo CREA Avatí Î Arrocero observando y discutiendo sobre la realidad de un lote de arroz. Aunque un altísimo porcentaje del área sembrada permanece en manos de no más de 10 empresas, en muchos casos ocurre que estas no son las propietarias de la tierra. Hoy el 50% del arroz cultivado en la Argentina se produce en campos de terceros. “Habitualmente, el dueño del campo aporta la tierra, y a veces, también el agua, mientras que el arrocero pone el capital, el personal y se ocupa del manejo del cultivo”, asegura Cerutti.

  1. Tal fenómeno de concentración determinó que solo en Corrientes –principal provincia arrocera del país– el número de productores se redujera de 300 a 80 en pocos años;
  2. “Hoy en día, la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz cuenta con unos 70 asociados, mientras que hace 10 años había 170”, advierte;

Además de esta concentración, l a superficie sembrada también se redujo drásticamente en los últimos años. En la actualidad es de casi 200. 000 hectáreas, que se ubican principalmente en Corrientes (90. 000) y Entre Ríos (70. 000). Por su parte, Santa Fe ronda las 30.

000 hectáreas, seguida de Formosa (7000) y Chaco (4000). Consumo interno y exportación Con un consumo de 11 kilos de arroz blanco per cápita, el de la Argentina es el más bajo de toda Latinoamérica, un fenómeno que se agudiza en los grandes centros urbanos.

“Brasil consume alrededor de 50 kilos per cápita, también en descenso. A medida que la gente mejora su poder adquisitivo, reemplaza alimentos con alto porcentaje de energía por otros con más proteína. Esto se advierte claramente en los países asiáticos, que antes consumían 150-180 kilos por año y ahora apenas llegan a un rango de 70-140”, señala el asesor del CREA Avatí Î arrocero.

Esta realidad determina que solo un 30-40% del arroz producido permanezca en el país, mientras que el resto se exporte. Tradicionalmente, el principal destino de nuestras ventas externas era Brasil, que hoy es abastecido en gran medida por Paraguay.

En la actualidad, el arroz argentino se vende principalmente a Turquía, Panamá, México, Perú y algunos países de África y Europa. “Desde hace unos seis años, la oferta procedente de Paraguay –con menores costos de producción y precios– empezó a crecer, lo que le permitió capturar el mercado brasileño.

Además de disponer de mano de obra y riego más baratos, pagan menores costos de flete e impuestos. Nosotros, en cambio, tenemos un alto componente de costos determinados por el traslado. El flete terrestre es muy oneroso: cuesta prácticamente lo mismo traer el arroz en camión desde Corrientes hasta puerto Guazú (en el sur de Entre Ríos) que enviarlo en barco a Centroamérica.

¡Es una locura!”, advierte Cerutti. El técnico explica que el del arroz es un mercado de excedentes , ya que los principales países productores (Asia, incluyendo India y Pakistán) son a la vez grandes consumidores. En muchos países asiáticos, el abastecimiento es una “cuestión de Estado”, por lo que comercializan solo los excedentes de la producción.

Sin embargo, el arroz no se comporta exactamente como un commodity , ya que no existe un precio pizarra que se pueda tomar como referencia. “Se trata de un mercado totalmente abierto. No se puede fijar un precio de venta, como ocurre con el maíz, el trigo o la soja.

Tampoco existe un mercado a término. Por esta razón, la situación es más compleja que con otros granos, ya que –además– hay distintos tipos de arroz, los cuales se destinan a diferentes mercados, regiones y paladares, como el asiático, el americano, el europeo o el sudamericano.

Todas estas cuestiones atentan contra la posibilidad de efectuar una buena planificación”, subraya. Evolución del negocio El negocio arrocero es, desde hace tiempo, un negocio de números finitos caracterizado por precios estancados, costos en alza y un rinde de indiferencia que sube año tras año.

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Eso explica el fenómeno de concentración creciente que caracteriza la actividad. En la última etapa del gobierno anterior y comienzos del actual, el sector experimentó una importante crisis que lo dejó mal parado. “Ahí hubo un parate que duró prácticamente seis meses durante los cuales no se pudieron concretar operaciones.

La campaña 2016/17 fue realmente muy complicada en lo económico, porque el precio estaba muy atrasado; incluso debieron manejarse sin precio durante mucho tiempo”, relata Alejandro. Además, se configuró una situación climática que complicó seriamente la producción, con un año Niño que trajo grandes precipitaciones.

“El productor de arroz junta el agua utilizando represas o extrayéndola de los ríos, por lo que durante el cultivo es mejor contar con buena radiación solar, temperatura adecuada y pocas lluvias. A diferencia de lo que ocurre en un cultivo de secano, en cultivos de riego como el nuestro un año Niño puede ser una catástrofe.

  • Si hay muchos días nublados, no hay kilos”, puntúa Cerutti;
  • La campaña 2017/18 –que acaba de concluir– presenta cierta mejoría respecto de la anterior;
  • “Los rendimientos han sido particularmente satisfactorios, porque después de tres años Niño, este fue más seco y hubo muchos días de sol;

Hay interés en seguir realizando inversiones, y ello se evidencia en la construcción de nuevas represas o ampliación de las existentes… Son todas acciones que están retornando después de una etapa bastante prolongada”, señala Socas. No obstante, aunque el rinde mejoró respecto del ciclo 2016/17, los precios no dejan de estar en valores históricos medios o bajos, con costos elevados : el arroz cáscara arrancó en 200 U$S/t y hoy está en 175 o menos.

“El rinde de indiferencia es cada vez más alto, por eso se observa esa concentración tan grande. Hoy el arroz tiene un costo de 1500 U$S/ha, con lo cual, con un precio de 200 U$S/t, se necesitan 7500 kg/ha para salir hechos “, enfatiza Cerutti.

Para tener una idea de lo que esto significa, los mejores arroceros de la Argentina –ubicados en el sur de Corrientes y norte de Entre Ríos– obtienen un rinde promedio de 9500 kg/ha, mientras que en zonas marginales, 7000-7500 kilos son considerados buenos rendimientos.

¿Dónde está, entonces, la ganancia para las empresas? La integración vertical es cada vez más importante y la apuesta está, muchas veces, en el valor que se agrega tras la cosecha. “Hay mucho valor por capturar hasta que el producto llega a la góndola.

Por esta razón, los productores soportan no tener un buen precio en su faz productora: saben que recuperarán algo de la renta en la industrialización y comercialización posterior. Si se industrializa la propia producción de arroz (secarlo, pelarlo o descascararlo, y llegar al integral y al blanco), es posible captar una parte importante de ese valor”, asegura.

Los grandes “males” Pero ¿qué encarece tanto la producción de este cereal? La distribución de costos depende mucho de la zona; en general, el principal gasto es el arrendamiento. “Si la producción no se desarrolla en campo propio, de los 7500-8000 kg/ha de rinde, aproximadamente unos 1000-1500 kilos se destinan a pagar tierra y agua.

En campo propio, en cambio, hay que considerar el costo de oportunidad”, señala Cerutti. El segundo lugar se lo disputan el riego y la fertilización , que en el caso de campos de baja calidad, constituyen una inversión obligada. Ambos pueden llevarse el 20-25% del costo total.

Todo lo demás −aseguran− es complementario: las labores, que son cada vez menos porque se evolucionó hacia una labranza mínima, y el personal, cuyo costo se viene incrementando en los últimos años. “Un aguador puede atender unas 150 hectáreas, pero esa es solo la punta del iceberg.

Hay que preparar el suelo, sembrarlo, cuidarlo, con lo cual de todo el costo de preparación del cultivo, una gran proporción corresponde a este rubro, que tiene un peso importante”, enfatiza Cerutti. Otro insumo no menor es la energía. “Su costo ha crecido mucho y es elevado, sobre todo cuando se genera a través de gasoil.

Y si bien hay muchos productores que se están pasando a energía eléctrica, el cambio tampoco es sencillo, ya que exige una inversión importante. Por otra parte, el costo energético varía notablemente entre provincias.

Entre Ríos −además de tener una proporción mayor de pozos con gran consumo energético− debe hacer frente la actividad con un valor del kilovatio superior al del resto de la región”, señala el técnico. Otro gran tema es la comercialización y la dispar captación de la renta dentro de la cadena arrocera en función del capital invertido y de los riesgos asumidos: “En la Argentina, el arroz jamás va a ser caro para el consumidor.

Por otro lado, es de los alimentos que presentan mayor spread entre el precio que recibe el productor, por ejemplo 4 $/kg, y los 20 o 30 con que llega a la góndola”, lamenta. Además de no tener un precio de referencia, el arroz es un cultivo intensivo por el trabajo y el gasto que implica en muchas hectáreas.

” El desafío entonces está en obtener la mayor producción física posible para bajar el costo por kilo producido. ¿De qué manera? A través de la profesionalización y la incorporación de tecnología “, insiste. Expectativas futuras ¿Cómo se imaginan el negocio en el futuro? Las pocas probabilidades de que ingresen nuevos actores a la actividad permiten suponer una superficie cultivada estable en el mediano a corto plazo.

“En mi grupo, creo que se repetirá la misma superficie –unas 30. 000 hectáreas– y que seguirá creciendo la aplicación de tecnología, aunque con mucha cautela, porque el precio sigue siendo bajo y cuesta mucho cubrir los costos”, explica Cerutti.

La pregunta obligada es por qué siguen haciendo arroz. Tal como ocurre con el tambo, desarmar una estructura arrocera y volver a armarla es complicado. Como también se dice en aquel sector: el que se va no vuelve. “Hay mucha gente que se ha especializado, con maquinaria exclusiva y toda una serie de costos fijos que impiden salir fácilmente de la actividad.

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